El barco y la avutarda


Llegan noticias hasta Roma de las “maniobras” del barco “Womens on waves” que, en días pasados, atracó en el puerto de Valencia con la sola intención de practicar abortos fuera de la legalidad española. El barco abortivo quería realizar en un fin de semanas al menos 11 abortos sin límite en el tiempo de gestación (abortos de 4, 5, 6, 7, 8 y 9 meses de gestación). He leído muchas reflexiones sobre el temas. De todas ellas me quedo con la que me ha mandado mi amigo José Román Flecha, profesor de Teología Moral y experto en temas relacionados con la vida. Este texto será publicado en el diario de León con fecha 25 del 10 del 2008.

EL BARCO Y LA AVUTARDA

En los días pasados, un barco con bandera holandesa ha atracado en  la ciudad española de Valencia. Lleva por nombre “Women on waves”, es decir, “Mujeres sobre las olas”. Efectivamente el barco ha recogido algunas mujeres y las ha llevado mar adentro, hasta entrar en la zona de las aguas internacionales, fuera de la jurisdicción española. Allí habían de someterse al aborto que, por ilegal en sus plazos o en sus circunstancias, no se podría realizar en España. La prensa ha dado a conocer que una de las mujeres era menor de edad. Naturalmente, en el barco viajaban también representantes de la prensa y de la televisión.

Ante las pantallas han aparecido algunas personas partidarias del aborto para defender la legitimidad y hasta la grandeza de este procedimiento. Pues bien, hay que proclamar que todo el montaje constituye una provocación inmoral y escandalosa. Un montaje que seguramente pretende ofrecer una excusa para que el gobierno del país se apresure a ampliar una normativa sobre el aborto que ya despenaliza la muerte del niño en el mismo día del parto, al no incluir plazo alguno en uno de sus supuestos.

Para justificar el montaje del barco y la publicidad que lo acompaña no vale afirmar que el aborto es un derecho. No hay derecho a matar a una persona culpable. Muchos gobiernos y organizaciones han pedido a las Naciones Unidas una moratoria de la pena de muerte. Mucho menos hay derecho a matar a una persona inocente. Para justificar tan horrible acto no vale decir que el feto de seis meses no es una persona. Cualquier análisis médico nos dice lo contrario.

Tampoco vale pretender que el aborto constituye una liberación para la mujer. En su libro “Carta a un niño que no llegó a nacer”, la escritora Oriana Fallaci describe de forma magistral el drama de la mujer que es abandonada a su suerte en cuanto está embarazada. Abandonada y empujada al drama del aborto. Ese abandono nunca es una liberación. Con razón escribía Juan Pablo II que muchas veces la mujer se ve obligada a pagar sola por algo de lo que no es la sola responsable.

La burla del destino ha querido que los mismos diarios que anunciaban la llegada del barco abortero decían en otra página que sería difícil trazar una autopista porque atravesaba un paraje donde suelen anidar las avutardas. Aquella vía rápida podría dificultar el desarrollo de la vida de las aves. Evidentemente, un hijo vale menos que una avutarda. La muerte del niño se facilita y se premia. La muerte de la avutarda se evita a toda costa.

Numerosos países, como Francia, reconocen haber comprendido que la disminución de la natalidad no ha sido un bien sino un mal para la sociedad. Mientras tanto, otros países se apresuran a eliminar la vida humana naciente. Y sin embargo, la vida es el primero de los derechos humanos. El primer don de Dios. Y la primera responsabilidad de la persona y de la sociedad.  

José-Román Flecha Andrés

 

La Avutarda común (Otis tarda) es el ave con más peso de Europa. En Extremadura vive el 25% de la población de avutardas de España, lo que equivale a un 15% de la población mundial. Algo está pasando en nuestra sociedad cuando a nadie le extraña que se valore más de hecho la vida de un pájaro que la vida de un niño. Algo no funciona. 

Si quieres cambiar esta realidad participa en http://www.derechoavivir.org

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2 pensamientos en “El barco y la avutarda”

  1. Vas por buen camino. La verdad es que Rubén tiene mucho más ordenado el casillero que tú. Aunque eso no era muy difícil. Aún así se te echa de menos en San Atón. Nos queda el consuelo de que sigues haciendo cosas interesantes como estos artículos.

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