Más de un siglo del Pontificio Colegio Español de Roma

CIUDAD DEL VATICANO, sábado, 29 de enero de 2011 (ZENIT.org).- Publicamos el artículo que ha escrito en “L’Osservatore Romano” Marta Lago con el título “Planta robusta con flores rojo sangre – Más de un siglo del Pontificio Colegio Español de Roma”.


Postración. Es la situación en la que había caído el clero secular de España a lo largo del siglo XIX. La complejidad político-religiosa del país y la anemia intelectual del presbiterado llevaron a que los sacerdotes fueran poco estimados, tanto por su pobreza en formación académica como en valores humanos. Es mucho lo que deben a otros hijos de esta tierra y herederos de su patrimonio espiritual; a su enérgica reacción, que no sólo puso freno al abatimiento sacerdotal, sino que trazó una auténtica reforma de los seminarios españoles. Con realismo y sentido práctico. Como el que impulsó al beato Manuel Domingo y Sol, cuya razón existencial fue “dar a la Iglesia muchos y santos sacerdotes” -como él mismo escribía- y cultos, que se transformaran a su vez en profesores cualificados, que vivieran un elevado nivel espiritual y, sobre todo, que promovieran “los intereses de Jesús”. Mosén Sol estaba convencido de que la renovación de la Iglesia en España y de la propia nación vendría por la renovación del clero. Una ebullición de inquietudes que concretó en el nacimiento de la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos del Corazón de Jesús y en la fundación del Pontificio Colegio Español de San José, de Roma.

Hace 118 años que esta casa y escuela de amistad y fraternidad sacerdotal abrió sus puertas. Por ellas han pasado unos 3.500 sacerdotes diocesanos -105 mártires-, 123 obispos y numerosísimos presbíteros que han servido, y siguen haciéndolo, a la Iglesia desde su labor docente, sus altas responsabilidades y sus deberes pastorales. Todos tienen una deuda de gratitud. Que se traduce en el libro-homenaje a Mosén Sol -fruto maduro del centenario de su muerte- y al Año sacerdotal convocado por Benedicto XVI. “Pontificio Colegio Español de San José de Roma. Aproximación a su historia” (Ediciones Sígueme, Salamanca 2010) se presentò el 28 de enero en el propio Colegio Español, en la sede de Via di Torre Rossa, pórtico de la fiesta, al día siguiente, del beato Manuel Domingo y Sol. Sus autores son testigos de excepción: monseñor Vicente Cárcel Ortí -historiador, veterano alumno y residente del Colegio- ha redactado la primera parte de la historia de la institución en el Palazzo Altemps, añadiendo la cronología y los apéndices, valiosa fuente documental; la segunda parte es obra de quien fue rector del Colegio, don Lope Rubio Parrado, quien aporta una crónica de los últimos cincuenta años -ya desde la sede junto a Villa Carpegna- y un epílogo-reflexión sobre la casa y la renovación del clero español.

Cuatrocientas páginas sin atisbo de triunfalismo. Apegadas al rigor histórico. Enriquecidas con la presentación del actual rector, don Mariano Herrera Fraile, y de un prólogo colectivo de los tres arzobispos patronos del Colegio Español: el cardenal Antonio María Rouco Varela -de Madrid, presidente de la Conferencia Episcopal Española-, monseñor Braulio Rodríguez Plaza -de Toledo, primado de España- y monseñor Juan José Asenjo Pelegrina -arzobispo de Sevilla-. Hojas vigorosas y dinámicas, como fue la intuición de Mosén Sol. No sin razón se califica al Colegio Español como una de las instituciones eclesiales que, en la historia de los siglos XIX al XXI, más ha contribuido a la formación de gran número de sacerdotes de todas las diócesis de España y de otras naciones. Más aún: los colegiales conseguían su especialización académica y otro “doble título”: el de Roma y el de la vida de la Iglesia junto al Sucesor de Pedro. De la fidelidad aprendida en el Colegio son ejemplo los más de cien mártires de la persecución religiosa en España en el siglo XX, varios ya beatificados.

Con el Colegio Español comenzó una verdadera renovación de la Iglesia en España que además se preparaba con solidez al azote de los años treinta, hasta el derramamiento de sangre. Un siglo de historia que muestra cómo emergió, de esta institución, un clero culto y orante; capaz de discernir los cambios sociales y científicos de cada momento; evangelizador; unido a la voz del Papa y a su deseo de unidad eclesial. La fraternidad sacerdotal configura el DNA del Colegio. Su vinculación con el arzobispado de Sevilla responde a la profunda amistad de Mosén Sol con el también beato y cardenal sevillano Marcelo Spínola y Maestre. Lazos igualmente fuertes unieron al sacerdote con el cardenal Ciriaco María Sancha y Hervás, primado toledano beatificado en 2009.
Era compartido el apremio de renovación de los seminarios, tarea que contó con el empuje de los Operarios, hijos espirituales de Mosén Sol. Una ingente labor cuyo referente fue el Colegio Español, destinado a consolidar y dar continuidad a esta empresa.


La publicación de esta aproximación histórica ilumina, con reconocimiento, personalidades de la talla del cardenal Rafael Merry del Val, quien allanó en Roma los caminos de la fundación del Colegio Español convirtiéndose en su primer director espiritual. Al Papa León XIII se le recuerda como “el mejor propagandista del Colegio”. El título de “pontificio” lo concedió san Pío X, enormemente solícito con los colegiales españoles. Otro gran protector fue monseñor Giacomo della Chiesa, futuro Benedicto XV. Y aunque Pío XI delegó la relación con el Colegio, no le faltaban palabras emocionadas sobre el fundador, el sacerdocio y la entonces tan atribulada España. Pío XII tuvo frecuentes contactos con los alumnos del Colegio, pontificio y español, “cuajado precisamente -decía- al calor de dos grandes corazones” -el de un Pontífice, León XIII, y el de un español, Mosén Sol-, que “plantaron la semilla” ya convertida “en planta robusta cuyas flores, iluminadas con resplandores de martirio, esparcen su benéfico aroma por toda España”. Juan XXIII y Pablo VI visitaron el Colegio en Altemps. El Papa Montini inauguró la nueva sede de Torre Rossa. Allí estuvo en dos ocasiones Juan Pablo II, definiendo el Colegio como “Cenáculo sacerdotal”.

En 1987 beatificó, en la misma ceremonia, a Mosén Sol y al cardenal Spínola. Más de un siglo de historia, tan fatigosa como apasionante, que se sintetiza en este nuevo volumen. Memoria y conciencia de una institución viva que, en palabras de Jesús Rico -director general de los Operarios-, será “motor de nuevos logros que enriquezcan aún más el patrimonio espiritual, científico y pastoral” de la Iglesia en España. Y ello desde “un pasado agradecido, un presente realista y un futuro comprometido”.

 

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