Cuando digo que soy creyente

Esta España en la que vivimos siempre se ha caracterizado por los movimientos pendulares extremos. Podemos pasar del nacional catolicismo confesante al laicismo más radical y beligerante sin solución de continuidad. Siempre se ha dicho que es difícil encontrar el equilibrio, pero quizás en España más que difícil resulte imposible. Sin embargo me parece preocupante que nuestra sociedad se esté acostumbrando a una serie de expresiones de intolerancia manifiesta contra lo religioso. Especialmente significativo son los ataques que se están dando en las universidades españolas contra quienes se consideran creyentes: Rouco no pudo dar una conferencia en la Universidad Autónoma de Madrid porque unos intolerantes avisaron con reventar el acto y las autoridades no garantizaban su integridad física. En Barcelona, los estudiantes y profesores han estado un tiempo sin poder celebrar tranquilamente la eucaristía acusado por una banda de niñatos que interrumpían continuamente la celebración. Ahora en la Complutense de Madrid aparecen pintadas, junto a la capilla universitaria, amenazantes y ofensivas. Una de las frases era “Arderéis como en el 36”. Es llamativo que las autoridades civiles y universitarias se queden tan tranquilas y que piensen que “aquí no ha pasado nada”.

Pero no son los cristianos los únicos amenazados. El Observatorio Antisemita denunciaba la presencia de pintadas antijudías en la misma universidad. Está claro que para algunos lo de la tolerancia, la pluralidad y el respeto a la libertad religiosa (la pintada antisemita estaba en la facultad de Sociología y Ciencias Políticas) son algo que quedan en los libros y que no pertenecen a la realidad cotidiana de los ciudadanos y ciudadanas. Los jóvenes universitarios, los intelectuales del futuro, los cerebros grises de nuestras universidades resulta que son xenófobos, racistas, intolerantes y, no laicos, sino laicistas. Piensan que hay que quemar a los cristianos y colgar a los judíos. Desde luego la Complutense, que se precia de ser el caldo de cultivo de la intelectualidad de izquierdas de España, se está luciendo. Menudo futuro de país nos espera. Quizá tenga razón el gobierno al implantar la asignatura de educación para la ciudadanía. Tendría que pensarse Zapatero introducirla en el currículum de algunas universidades españolas. Porque, desde luego, los que han hecho esto no tienen ni educación ni ciudadanía. Como respuesta un vídeo de una chirigota de Cádiz que me parece la mejor manera de responder a tanta salvajada, con humor y con valentía.

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2 pensamientos en “Cuando digo que soy creyente”

  1. Quede claro que estoy absolutamente en contra de cualquier manifestación a favor de quemar curas o colgar rabinos, así como de cualquier integrismo que haga imposible que una idea (también las religiosas) pueda ser expuesta ante quienes tengan interés en escucharla, y debatida por quienes deseen discrepar de ella.
    Dicho esto, y sin que sirva de justificación, se me ocurre que tanta intransigencia como usted parece advertir puede ser consecuencia de la intolerancia que durante tantos años reinó en estas tierras, cuyas secuelas todavía se observan.
    Me hubiera gustado que esta declaración suya en favor de la tolerancia, el respeto, la pluralidad y la libertad religiosa, hubiera sido defendida también por quienes, hasta no hace mucho tiempo, contribuyeron a su secuestro. Es más, creo que el rechazo que usted advierte en una parte de la población puede deberse al hecho de que todavía hay mucha gente que piensa que quienes reclaman libertad para sus ideas no están dispuestos a concederla a quienes discrepan de ellas.

    1. Gracias por su comentario. No puedo sino estar de acuerdo. En España hemos tenido durante 40 años una situación de secuestro de libertades. En esa situación por necesidad al principio y, seguramente, por conformismo después, la Iglesia (no toda porque nunca se puede generalizar de manera absoluta) pero sí una parte importante de la jerarquía favoreció y consintió esa falta de libertades. Ahora no estamos en ese tiempo. Ahora estamos en un momento de democracia y es en la democracia cuando han nacido los que hacen las pintadas. Me llama la atención que sean universitarios. Me he pasado gran parte de mi vida, de una manera o de otra en la Universidad. La Universidad,si algo se caracteriza es precisamente porque es el espacio donde pueden convivir todas las ideas, donde uno conoce y hace amigos de las más diversas ideologías, credos, situaciones… donde uno aprecia la realidad de un mundo que es más grande que su pueblo. Estoy convencido que además lo de las pintadas (tanto unas como otras) no son de grupos mayoritarios. Pero si me preocupa que no sean los propios universitarios los que no reaccionen, los alumnos, los profesores. La democracia se construyó también en la Universidad y en las huelgas estudiantiles. Allí también se ganó la libertad. No me gustaría que fuese un espacio, para mí tan querido, donde ahora algunos quisiesen que esa libertad se perdiese.

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