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Bacterias asesinas

Los alemanes la están buscando por todos sitios pero hasta ahora no la encuentran por ninguna parte. Registran las casas de los afectados, vacían frigoríficos y contenedores de basuras y, como si de un episodio de House se tratase, entrevistan a familiares y amigos de los afectados para intentar encontrar al asesino, en este caso asesina: una bacteria. Pero desgraciadamente no es una película. A día de hoy han muerto 29 personas y en los próximos días morirán muchos más. El número de gente que llega a los hospitales disminuye pero debido a las medidas de precaución y de higiene, y no a que se esté controlando el foco de la infección. 

Y lo más curioso es que cada una de las propiedades de esta bacteria asesina no son nuevas. No es la primer E. coli que produzca sindrome urémico hemolítico. Cualquiera que busque en internet puede encontrar un artículo de 1998 donde ya se extablecía una relación entre muerte un niño y la hospitalización de otros muchos en Mendoza (Argentina) debida a una E. coli capaz de producir la toxina shiga[1]

Tampoco es la primera E. coli resistente a antibióticos. De hecho hay tantas y resistentes a tantos tipos de antibióticos que algunas, cuando los ven llegar, se echan a reir. Las hemos entrenado nosotros. Las E. Coli viven en nuestros intestinos y viven en simbiosis con nosotros aportándonos, entre otras cosas, vit. K. Pero cada vez que tomamos un antibiótico (sin que sea necesario) estamos actuando como presión evolutiva. Seleccionamos y hacemos que se reproduzcan las que son capaces de fabricar proteínas que inactivan los antibióticos. Basta leer un par de artículos para darnos cuenta del peligro que se nos venía encima Las penicilinas fueron los antibióticos menos activos frente a E. coli (sensibilidad del 40,9%), seguidos de cotrimoxazol (66,4%), ácido nalidíxico (70,8%) y norfloxacino (76,1%), manteniendo el resto de los antimicrobianos porcentajes de actividad próximos al 95%. Observamos una disminución progresiva en la sensibilidad de E. coli frente a la mayoría de los antimicrobianos, importante sobre todo para ácido nalidíxico y norfloxacino (del 76 al 63,3% y del 85,1 al 66,6%, respectivamente).”: [2] Luego nos quejamos cuando en España no se puede sacar un antibiótico sin receta.

Lo grave de esta situación es que en algún lugar un par de bacterias se han intercambiado los plásmidos (genes) que les daban esas propiedades para convertirla en una verdadera bacteria asesina, que además de resistir antibióticos y adherirse mejor a las paredes del intestino, parece ser que, en algunos pacientes, es capaz de provocar la formación de anticuerpos que atacan al propio organismo del paciente. Una especie de arakiri biológico. 

Como decía no es para tomárselo a broma. Son muchas las cosas que hemos hecho mal: hemos bañado el campo de pesticidas, alimentamos a las vacas con carne de vacas muertas, las engordamos con hormonas y les damos antibióticos; ahora hasta para limpiar la casa usamos detergentes que van cargados con potentes antimicrobianos a los que, por supuesto, los microbios se harán resistentes. Hemos roto las reglas del juego evolutivo al ingerir medicinas como si de chocolatinas se tratasen…

Ahora además de buscar la bacteria quieren buscar culpables y, a ser posible, fuera del propio país. Y mira por donde le tocó la china al pepino español. De esto no os voy a decir nada. Os dejo un artículo de J.R. Flecha que reflexiona sobre este tema tan interesante de la calumnia y de sus repercusiones.

El pepino

Por cierto, hablando de buscar yo buscaría la E. Coli en vacas. No me digan por qué pero es una intuición. Vacas de una granja cuyo granjero haya sufrido una enfermedad de larga duración, con tratamiento amplio de medicamentos. Vacas que van haciendo sus necesidades por todos lados, también por la  huerta ecológica del vecino, que claro como no usa productos químicos, pues la bacteria ha crecido a sus anchas. Si no están en las vacas yo buscaría en un hospital, vamos en un paciente cero que ha regresado a casa cargado de bacterias. En un hospital es, al fin y al cabo, donde las bacterias se encuentran con más antibióticos. 

Una última curiosidad. La bacteria de marras ha ido ha aparecer en el mismo país, en la misma zona donde a finales del siglo XIX se fundó la que sería una de las empresas farmacéuticas más importantes: Bayer. Tiene guasa. Como decía el matemático chiflado de Jurassic Park: “al final la Naturaleza siempre se abre camino”.


[1] M. Rivasi et al. “Sindrome urémico hemolítico en niños de Mendoza, Argentina. Asociación con la infección por Escherichia Coli productor de toxina shiga”, en Medicina 1998; 58: 1-7

[2] S. Junquera et al. “Evolución del patrón de sensibilidad de aislados de Escherichia. Coli en urocultivos procedentes del medio hospitalario y extrahospitalario” en Enferm Infecc Microbiol Clin. 2005;23:197-201.

Celibato y pederastia

En estos días los telediarios nos invaden con noticias sobre pederastas. Primero fue EEUU, luego Irlanda y ahora Alemania. Lo cierto en que, en los tres países nombrados, el abuso de menores es un problema que ha afectado a todos los ambientes sociales y que, en muchos casos, se ha producido dentro de la propia familia. Sin embargo, los telediarios se han ensañado de una manera especial con aquellos casos en los que estaban implicados sacerdotes católicos, presentando, de manera indirecta, una correlación entre celibato y pederastria. Si nos atenemos a los datos, a los hechos, es precisamente lo contrario. El ejemplo más claro es Alemania donde los casos de abusos llevados a cabo por sacerdotes católicos constituyen el 0,044 % del total. Si bien es cierto que un solo caso ya es de por sí doloroso e intolerable, no es menos cierto que se falta a la verdad cuando no se dicen las cifras totales y se esconde la realidad de un problema que va mucho más allá de las paredes de las iglesias. A continuación os dejo un artículo de Juan Manuel de Padra, publicado en ABC (20-3-2010) y que nos puede ayudar a comprender lo que en realidad está ocurriendo y por qué de este acoso mediático.

Celibato y pederastia

Juan Manuel de Padra

ABC (20-3-2010)
SI mañana se declarase una plaga que asolase un continente entero y se descubriera que en una región determinada cuyos pobladores practican la dieta vegetariana tal plaga también se ha declarado, aunque con mucha menor virulencia, a nadie en su sano juicio se le ocurriría deducir que si la plaga no ha respetado a los pobladores de dicha región es precisamente porque son vegetarianos. Por el contrario, se deduciría que la dieta vegetariana, aunque no inmunice contra el contagio, lo hace mucho más improbable; y se concluiría que, si unos pocos pobladores de dicha región han caído víctimas de la plaga que devasta el continente entero, es más bien porque los hábitos alimenticios menos saludables de regiones limítrofes han corrompido la dieta tradicional que los pobladores de dicha región habían mantenido inalterada durante siglos. Y, para combatir la plaga, no se condenaría la dieta vegetariana, sino que, por el contrario, se trataría de deslindar cuáles son los hábitos alimenticios menos saludables que fomentan su propagación.
A nadie se le escapa que nuestra época padece una plaga de magnitud creciente llamada pederastia. No hay semana en que no leamos en la prensa que se ha desarticulado una red de pornografía infantil; no hay semana en que no sepamos de niños que han sufrido abusos perpetrados por adultos sin escrúpulos, con frecuencia familiares suyos. Y, mientras la plaga arrecia, descubrimos que también se ha extendido, aunque con mucha menor virulencia, entre los sacerdotes católicos: así, por ejemplo, en Alemania, de las 200.000 denuncias de abusos infantiles realizadas desde 1995, sólo 94 afectan a ministros de la Iglesia. De lo cual habría de deducirse, en estricta lógica, que el celibato, si no inmuniza contra la pederastia, la hace mucho más improbable; y también que si unos pocos sacerdotes han incurrido en tan aberrante crimen es más bien porque la plaga que padece nuestra época se ha infiltrado en la Iglesia, corrompiendo con sus hábitos perniciosos lo que estaba más sano que el resto. Y, en nuestra lucha contra la pederastia, lejos de condenar el celibato, trataríamos de deslindar cuáles son esos hábitos perniciosos que se enseñorean de nuestra época.
Pero en la campaña feroz que en estos días se promueve contra la Iglesia nada se rige por el «sano juicio». Y, así, se establece una relación directa entre celibato y pederastia que la estricta lógica repudia; pero ya se sabe que cuando el misterio de iniquidad anda suelto, la estricta lógica es vituperada, escarnecida y sepultada por el odio. Establecer una asociación entre celibato y pederastia es tan desquiciado como establecerla entre ayuno y triquinosis. De una persona que infringe el ayuno que a sí misma se ha impuesto podremos predicar que carece de fuerza de voluntad, o de convicción; pero si esa persona que infringe el ayuno enferma de triquinosis habremos de concluir, inevitablemente, que le gusta comer cerdo. De un sacerdote que infringe el celibato podremos predicar que las debilidades de la carne ejercen sobre él un imperio más fuerte que la lealtad a sus votos; pero si un sacerdote abusa de un niño habremos de concluir, inevitablemente, que padece una desviación sexual. Sacerdotes débiles, infractores del celibato, los ha habido siempre, como queda testimoniado en la obra de Lope de Vega o del Arcipreste de Hita; pero su debilidad la han satisfecho con mujeres. Los escasos sacerdotes que abusan de niños no lo hacen porque su sexualidad esté reprimida por el celibato, como desquiciadamente pretenden los promotores de esta campaña feroz, sino porque su sexualidad está desviada. En la misma dirección, por cierto, que nuestra época aplaude y estimula y promueve, aunque luego se rasgue farisaicamente las vestiduras cuando tal desviación se ensaña con la infancia.