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Oferta educativa del Pontificio Instituto Juan Pablo II, curso 2012-2013.

Pontificio Instituto Juan Pablo II para el estudio del Matrimonio y la Familia (Roma)

Como cada año, por estas fechas, las distintas universidades y centros de estudios presentan sus planes y ofertas educativas del próximo curso. Para mí es un placer poner a vuestra disposición la amplia oferta del centro donde he estudiado los últimos cuatro años. El Instituto fue fundado por el propio  Beato Juan Pablo II hace ya treinta años y se propone profundizar en el conocimiento de la verdad del Matrimonio y la Familia, a la luz de la fe y con la ayuda de las diversas ciencias humanas. Quiere preparar, por tanto, a sacerdotes, religiosos y laicos a desarrollar un servicio académico y pastoral que sea cada vez de mayor calidad.

A continuación os colocaré los links de las distintas ofertas académicas para el curso 2012-2013, que os enlazarán con las distintas páginas de las web del Instituto. La información viene en italiano pero se comprende fácilmente.

El instituto ofrece los siguientes recorridos formativos: 

Licencia en Sagrada Teología  del Matrimonio y de la Familia; Doctorado en Sagrada Teologia con especialización en Matrimonio y Familia; Máster en ciencias del Matrimonio y de la Familia ; Máster en ciencias del Matrimonio y de la Familia – Ciclo especialMáster en Bioética y Formación   –  Depliant (pdf) Máster en Fertilidad y Sexualidad conyugal  (con versión en lengua italiana y también en francés) – Depliant (pdf) y Diploma en Pastoral Familiar .

Ya se ha abierto el plazo de inscripción que concluye el 30 de septiembre de 2012. Las clases comenzarán el 1 de octubre de 2013.

Aquí os dejo el pdf con toda la información y la oferta formativa del curso 2012-2013

Mi experiencia estos cuatro años, en los que he realizado los cursos de Licencia y Doctorado ha sido excelente, no solo por la formación académica sino que además en el Instituto se respira un ambiente de verdadera familia. Así que ánimo, prepara la mochila de libros porque ya mismo comienza el curso 2012-2013.

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Crisis y caridad. El amor como solución a la crisis.

En el inicio de la última plenaria de la Conferencia Episcopal Española, el Cardenal Rouco Varela insistía en que “Si no se sigue el camino que hace posible la caridad no será posible una buena solución de la crisis. Sin la caridad, es decir, sin la generosidad sincera, movida en último término por el amor de Dios y del prójimo, será imposible introducir los cambios necesarios en el estilo de vida y en las costumbres sociales y políticas que han conducido a la crisis….” [Discurso completo del Cardenal Rouco].

Lo primero que uno se debe preguntar es ¿Puede realmente la caridad construir una sociedad nueva? Sí es así ¿qué elementos son los que tiene que transformar la caridad para producir un verdadero cambio en nuestra sociedad?

Antes de continuar quiero aclarar que la caridad de la que aquí hablamos no se refiere a la limosna o a la generosidad individual, sino que es el Amor, con mayúsculas, porque es el que tiene Dios con nosotros y es el amor, con minúsculas, con el que los cristianos amamos a Dios en Cristo y a todos los seres humanos. La caridad es el amor de amistad con Dios y los hermanos. La pregunta es: ese amor ¿puede ayudarnos a salir de la crisis?

Estas preguntas son las que se pretendían responder en el Coloquio celebrado en Roma el mes de noviembre de 2010 bajo el título “Caritas aedificat”. El amor como principio de la vida social*. El objetivo era responder a la invitación que Benedicto XVI hacía en Caritas in Veritate sobre la capacidad del amor de establecer vínculos entre los seres humanos y constituirse come verdadero fundamento de la sociedad. ¿Puede ser el amor cristiano hoy fundamento de una nueva sociedad?

El texto que servía de presentación era el de Efesios 2, 22: En Cristo, “también vosotros junto con los otros sois edificados para convertíos en morada de Dios por medio del Espíritu“. Este texto ya da una clave de lectura: la finalidad humana de edificar no se limita a construir , sino a levantar una verdadera morada en la que podamos vivir. Por eso la construcción de una nueva sociedad, de la sociedad que salga de la crisis, no puede estar en mano sólo de los técnicos, que aplican soluciones según unos procedimientos establecidos, normalmente los procedimientos del mercado y de la banca. La verdadera arquitectura social debe ser capaz de construir un todo, una sociedad, que explique y dé verdadero sentido a la vida de cada una de sus partes, a la vida de cada uno de los hombres y las mujeres que la forman.

El Coloquio señalo algunos elementos que deben estar presentes si queremos que el amor construya la sociedad:

1.- El amor tiene su propia epistemología. Esto quiere decir que el amor nos permite conocer al otro, y es este conocimiento en los bienes y en los trabajos comunes lo que nos permite hablar de una sociedad humana en sentido estricto.Dos enemigos del conocimiento en el amor son: a) el altruismo, entendido como el amor sin afecto, como la generosidad pura e intelectual. Así entendido el amor abandona el ámbito social y se refugia en el individualismo; b) el romanticismo, que ha privatizado la experiencia del amor. Con el romanticismo el amor se convierte en algo subjetivo que los demás no pueden entender. Esto ha llevado a considerar el amor irrelevante en los aspectos sociales y comunitarios de la vida.

La denuncia de estas dos interpretaciones falsas nos devuelve a la radicalidad del amor: amar es querer el bien del otro. El amor entre los seres humanos no es otra cosa que una comunicación de bienes. El romanticismo ha oscurecido esta realidad reduciendo el amor a una experiencia emotiva y subjetiva que encierra a la persona en sí misma. Sin embargo el verdadero amor, el amor en sentido cristiano, es expansivo y tiene presente primero al otro, quiere el bien del otro. Amarse es ante todo una comunión de bienes, es crear comunidad.

2.- Esta idea nos recuerda la necesidad del bien común para la vida social. Lo primero que tenemos que darnos cuenta es que el amor implica relación. Nuestra vida social está marcada por distintos tipos de amor, es decir por tipos de relación. El amor de los esposos, el de los padres, el de los hermanos, el de los amigos, los compañeros de trabajo… Y cada uno de nosotros se mueve en esos tipos de relación, comprende esos tipos de amor… es capaz de leer e interpretar la “semántica relacional del amor”. Por eso es tan peligroso construir una sociedad de analfabetos afectivos, que no sepan distinguir y valorar los distintos tipos de amor y de relación.

Esos tipos de amores son motores para la acción. Santo Tomás une el bien común, el bien social, con la caridad a través del amor como motor de toda acción humana, como fuerza que nos une al amado. Así, el bien común se difunde. Nuestro mundo no es, como proponía Hobbes, un mundo donde el homo homini lupus, el hombre es un lobo para el hombre. En nuestro mundo hay mucho más amor que odio. Es lo que los clásicos llamaban  el ordo amoris: en el corazón de cada ser humano existe una tensión a vivir en comunión, a vivir en sociedad, lo que Aristóteles llamaba “existir para la vida buena”. La vida buena para el ser humano es la vida en familia, en amistad, en comunión, en sociedad.

3.- El tercer elemento necesario para construir una sociedad desde el amor es que exista una dimensión ética en la sociedad, en la política y en la economía. La identidad de la persona se constituye en las relaciones sociales y nuestro mundo, globalizado, dificulta vivir en profundidad estas relaciones. Por eso nuestra identidad no se configura a través de modelos sociales fuertes sino viene marcada por el individualismo que no acepta el concepto de amor social. Así tenemos el homo economicus, que es el competidor salvaje, hombre dominado por la racionalidad instrumental y que ignora los afectos y las relaciones. O el homo sociologicus centrado en la organización pero que ignora la importancia del principio de subsidiariedad personal. La ultima incorporación es el homo inconstans, radicalmente individualista que considera toda relación como algo externo a él.

Frente a este “individualismo sin dignidad” es necesario recuperar el valor de la fraternidad, la gran olvidada de la revolución francesa. En la fraternidad, que va más allá de los sistemas liberales y colectivos del siglo XX, el hombre configura su identidad a través de un orden de relación que surge del amor y de los bienes fundamentales compartidos, que son siempre relacionales. Esto afecta también a la política. No sirve cualquier política ni sirven unos políticos cualesquiera. En la política el punto fundamental es el bien y los bienes comunes. La responsabilidad humana se articula desde la relación entre verdad (que falta tanto en nuestros políticos) y libertad. Una “política de la caridad, del amor” es antes que nada una política de la verdad, y la verdad no cuadra con los relativismos. Por eso hemos de sustituir la sociedad de los “valores” (término tomado del ámbito económico) por una sociedad de los “bienes comunes”. Los valores no son per sé ni buenos ni malos, responden a la cotización del mercado, no nos hablan de un bien inherente. Cuando hablamos de bien común, de bienes compartimos sabemos que el bien es siempre bueno.

La imagen que ilustraba el cartel del coloquio representaba la unión de los hombres en el trabajo de construcción del arca de Noé. Tras el diluvio, y gracias al arca, nace una nueva humanidad que vive la alianza con Dios. La dinámica transcendente es fundamental para una auténtica convivencia en la comunidad social. Es curioso que las medidas del arca que se dan en el relato del Génesis (Génesis 6,15) son las mismas que se dan para el templo, es decir, subraya la necesidad de la referencia transcendente para la comunidad humana. Una sociedad construida sobre la caridad, sobre el amor, tiene que encontrar un sentido transcendente que le permita caminar juntos hacia un fin último, más allá de la propia sociedad.

MacIntyre decía que la crisis de la ética se parecía al naufragio del Titanic. Los botes y las barcas, los restos agrupados, posibilitan crear comunidades éticas que permiten la supervivencia. Los salvavidas, por el frío de las aguas, no son una salvación sino que solamente prolongan la agonía. Para salir de la crisis de la ética, decía MacIntyre, necesitamos comunidades éticas. De la misma manera podemos decir que la salida de la crisis económica no vendrá de la mano de los banqueros y de los políticos. La salida de la crisis solo será posible desde la regeneración del tejido social a través de la elaboración de políticas justas con todos, empezando por los más desfavorecidos. Gestionando los bienes comunes (especialmente los ayuntamientos y las comunidades autónomas) desde una ética en la que predomine la verdad frente a los intereses individuales y partidistas, y desde una verdadera fraternidad. La salvación del hundimiento no se consigue tirando por la borda a los polizones (inmigrantes, parados, ancianos, enfermos crónicos, etc.), ni por la búsqueda de salvavidas individuales sino por la construcción de verdaderos botes, nuevas arcas de Noé, que permitan la salvación de todos, remando juntos en la construcción de una nueva humanidad. 

* Este post recoge las ideas presentadas en el artículo de Pérez-Soba, J.J. – Magdic, M.,“Caritas Aedificat”. L’amore come principio di vita sociale, en Anthropotes 27 (2011)211-230. En español el artículo de Melina, L., “Caritas Aedificat”. Los fundamentos teológicos de la acción temporal y política del cristiano, en Scripta Theologica 43 (2011) 667-684. Las actas del Coloquio publicadas en Pérez-Soba, J.J. – Madgic, M. (eds.) L’amore principio di vita sociale. “Caritas aedificat” (1Cor 8,1), Ed. Cantagalli, Siena 2011.

Presencia de una ausencia

Lo cierto es que el personal no está para muchas filosofías. Es difícil pensar con el estómago vacío. Me refiero a que el amor a la sabiduría se hace mucho más difícil cuando uno no tiene ni trabajo, ni dinero, ni tiempo libre para dedicarlo a pensar. ¿Pensar? Sí, pensar en las cosas que hacemos, cómo las hacemos y, sobre todo, por qué las hacemos. ¿Qué mecanismos controlan lo que cada uno de nosotros hacemos? Cada uno de nuestros actos ¿aparecen de la nada porque sí o bien responden a un fin determinado? Si existen esos fines ¿los hemos creado nosotros o estaban ahí y simplemente  nosotros los hemos descubierto? ¿Qué papel juega nuestra libertad?

Pues de todo eso, y de mucho más, es lo que trata el libro titulado “Presencia de una ausencia” de Eduardo Pérez Pueyo y recién publicado en Edicep. Se trata de un estudio sobre el pensamiento de Joseph de Finance, pensador del siglo XX, que profundizó en las preocupaciones existenciales del hombre: el ser, la libertad, el obrar. A través de una metodología que mezcla el existencialismo con el tomismo clásico se plantean las preguntas más importantes a través de la reflexión sobre la realidad más cotidiana. Porque es ahí, en lo cotidiano, donde uno descubre que toda su existencia es don, regalo recibido de lo Alto, presencia de una ausencia por descubrir y camino que recorrer para llegar a él. La libertad no queda reducida a la pura capacidad de elección sino que se nos descubre con un nuevo significado, iluminador e integrador del camino de la vida que cada uno debe realizar. 

 El AUTOR: EDUARDO PÉREZ PUEYO (Zaragoza, 1981). Realizó estudios Eclesiásticos en el Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón, institución afiliada a la Universidad Pontificia de Salamanca. Sacerdote desde 2006. Ha sido párroco de Valdealgorfa, Valdeltormo, Valjunquera y Fórnoles, localidades turolenses que pertenecen a la Archidiócesis Cesaraugustana. Licenciado en Filosofía por la Pontificia Universidad Gregoriana (Roma) 2011, actualmente está realizando el Doctorado en Filosofía.

Para más información ver  “Presencia de una ausencia“.

Animo y a comprarlo.

La píldora de la moralidad

Peter Singer vuelve a provocarnos con un artículo publicado en el blog de opinión del New York Times. Bajo el título ¿Estamos preparados para una “píldora de la moralidad?, Singer defiende el uso de drogas para la modificación de la conducta. Este planteamiento no es nuevo y se sitúa dentro de la corriente de pensamiento, el Transhumanismo, que propone un “mejoramiento” (enhancement) del ser humano a través del uso de los nuevos avances biotecnológicos (entre ellos las drogas de modificación del comportamiento). El punto de partida es muy interesante,  Singer plantea la pregunta ¿Por qué hay personas que están dispuestas a arriesgar su vida por ayudar a un extraño mientras que hay otras que no son capaces de pararse para marcar el número de teléfono de emergencias?

Donde se equivoca  Singer no es en la pregunta, se equivoca en la respuesta. Él piensa que las diferencias entre estos comportamientos se basan solo en diferencias biológicas (en el fondo genéticas) que se ponen de manifiesto en el diferente funcionamiento del cerebro humano de una persona altruista y de un asesino en serie. Singer simplifica la respuesta: el comportamiento humano está condicionado por la base biológica y, por tanto, no hay voluntad libre, no hay libre arbitrio.

Desde este presupuesto el planteamiento es claro. Llegará un momento en el que los científicos descubran los mecanismos neurológicos implicados en el comportamiento moral y puedan elaborar una “píldora de la moralidad” que corrija los comportamientos erróneos, como por ejemplo el de los asesinos. Singer plantea esta posibilidad desde la voluntariedad, es decir, la “píldora de la moralidad” sería una alternativa a la prisión o un mecanismo de inserción para presos peligrosos.

Al leer el artículo se me vienen a la mente un montón de preguntas. La primera es ¿que tipo de moralidad incluiría la píldora? La píldora contendría “su moral” (que acepta el aborto, el infanticidio, la eutanasia activa, la superioridad moral de simios sobre humanos menores de 7 años, etc…) o una moral “judeocristiana”, o “islámica”, o “budhista”…?

¿Quién decide quien tiene que tomar la dichosa “píldora”? ¿Podrían ser los médicos? Después de todo se trata de una droga… ¿O tal vez los jueces? ¿O tal vez los padres estarían autorizados a administrar el “tratamiento” si consideran que sus hijos tienen un comportamiento amoral? ¿O por qué no los moralistas? Podrían establecerse consultas especiales en la que “determinados moralistas” (según el gobierno de turno) diagnosticasen el tratamiento

¿Por qué limitar la “píldora moral” a los asesinos? ¿Por qué no distribuir la píldora de la moral a banqueros sin escrúpulos, políticos corruptos, ladrones de guante blanco o a soldados? ¿Infieles y adúlteros entrarían también en el programa de reinserción? ¿Blasfemos, mentirosos compulsivos, estafadores? El ejemplo con el que parte el artículo habla de personas que ayudan a otros mientras que hay personas no que hacen un daño intencionalmente sino, simplemente, que no ayudan activamente. ¿A todos los que son egoístas también habría que darles la píldora? Y, para rematar, ¿por qué no también a los profesores de ética y de moral que son contrarios a los planteamientos de Singer?

Savulescu, uno de los discípulos de Singer, propone que el uso de drogas para modificar el comportamiento moral tendría que ser obligatorio. Como lo oyen. Los gobiernos estarían “obligados moralmente” a drogar a sus ciudadanos para que sean moralmente responsables. Da miedo verdad. Tiene razón Francis Ford Fukuyama cuando insiste en que el Transhumanismo es la ideología más peligrosa, en el comienzo del siglo XXI, para las sociedades democráticas. El Transhumanismo es fascismo cuando impone el control sobre el otro, incluso por medio de drogas, como medida de mejora; cuando establece una relación asimétrica de unos sobre otros.

Una cosa más.Decía que Singer se equivoca en la respuesta a la pregunta que plantea. Es demasiado simplista. Es verdad que lo  biológico influye en nuestro comportamiento . Somos animales y la biología forma parte de nuestra naturaleza. Pero también es verdad que son otras muchas cosas las que nos influyen en nuestros comportamientos morales: la educación recibida, la familia, los amigos, los valores recibidos, la sociedad… Antes de pensar en la píldora de la moralidad deberíamos revisar nuestros sistemas educativos basados en la competitividad, los valores transmitidos a nuestros niños, los modelos de éxito que se presentan. En un mundo donde se exalta el individualismo absoluto no es de extrañar que los individuos “pasen de largo” ante las dificultades de los demás. La solución no son drogas que “controlen” a las personas… la solución pasa por la conversión del corazón. Y la conversión pasa por el amor. ¿Qué diferencia hay entre uno que no ayuda y otro, como el samaritano, que ayuda? La diferencia no es de justificación moral. La diferencia es de amor. El primer cambio es pasar del “que me amen” al “voy a amar yo” al otro de manera gratuíta, al que me encuentro, al vecino, al extraño… como decía la parábola al prójimo. Y no para ser mejor moralmente… sino para ser más feliz.

De todas formas propongo que cuando llegue la famosa píldora sea Singer el primero que la tome. Los demás veremos lo que pasa.


Un amor más fuerte que la muerte

Ni siquiera la muerte pudo separarlos. Seguramente porque ninguno de ellos quiso hacerlo en vida. Me estoy refiriendo a Gordon Yeager, 94 años, y a su mujer Norma, 90 años, que la semana pasada cogían el coche desde su pequeña ciudad en el centro del estado de Iowa (U.S.) para dirigirse a la ciudad de Ohio. Nunca llegaron a su destino. Tuvieron un accidente de tráfico y acabaron en la sala de emergencias, primero, y luego en la unidad de cuidados intensivos con varios huesos rotos y  varias lesiones más graves. En el hospital cada uno se preocupaba por el otro.

Ella estaba diciendo que le dolía el pecho y si a papá tenía algo grave. Incluso aún en su estado, estaba preocupada por papá”. Esto lo cuenta su hijo Dennis Yeager, de 52 años. “La espalda de él estaba destrozada y estaba preguntando por mamá”.

Cuando el equipo médico comprendió que el estado de los dos no mejoraba trasladaron a la pareja a la misma habitación y pusieron juntas sus camas de tal manera que pudiesen darse la mano. 

“Se dieron la mano; él su mano derecha, ella su mano izquierda”, cuenta su hija Sheets. 

Gordon Yeager murió a las 3.38 p.m.. Dejó de respirar, pero su familia estaba sorprendida por lo que mostraba el monitor. “Alguien dijo: “Entonces, ¿por que cuando miramos al monitor su corazón sigue latiendo?” Su hija cuenta que “La enfermera nos dijo que papá estaba recogiendo el latido del corazón de mamá a través de la mano de mamá”.

Norma Yeager murió una exactamente una hora después.

Sorprende la historia de este matrimonio “adolescente”, más o menos. Se casaron doce horas después de la graduación de Norma del instituto (en 1939). No es lo que uno animaría a hacer a alguien en nuestros días, pero demuestra que los matrimonios jóvenes pueden seguir adelante cuando encuentran el apoyo de la sociedad. Y cuando, como pareja, se complementan el uno con el otro. Los hijos no fueron problema para su amor. El artículo del que he recogido la noticia no cuenta cuantos hijos tuvieron (al menos dos: Dennis y Sheets) pero sí nos dice que tuvieron 14 nietos, 29 bisnietos y un tataranieto. Un gran legado para una gran matrimonio. 

Nos hemos acostumbrado a pensar que lo fácil es que un matrimonio fracase. La realidad nos demuestra lo contrario. Cuando dos personas se quieren, se apoyan, se dan totalmente uno al otro y sin reservas, cuando dos personas se “aman” en el más profundo sentido de la palabra, el amor y el matrimonio triunfan. El secreto está en un llegar a hacer de dos corazones uno solo. Ese es el sentido profundo del “serán una sola carne”: serán un solo corazón. Esa es la vocación de todo matrimonio. 

He tomado esta noticia de Family Edge que a su vez la recoge de abc.news. Ahí tenéis el texto original en inglés. Yo solo he adaptado un poco la traducción. Espero que os guste.

Ahh… se me olvidaba. Esta historia no es nada romántica. El romanticismo solo sabe de sentimientos, emociones, sensiblerías. Hay que poner mucho más que sentimientos para llevar 72 años casados y seguir queriéndose como el primer día. Hay que poner voluntad, es decir, hay que “querer”. Eso es lo que uno promete cuando se casa. No promete que se emocionará y que será sensible. Promete lo único que puede prometer: que quiere seguir queriéndola/o por el resto de sus días. 

Gordon y Norma lo consiguieron. Estoy seguro de que tu también conoces a algún matrimonio que lo consiguió. Son muchos, la mayoría. Lo que pasa es que no salen en las noticias.

Será el Amor amado a cuerpo entero

Tenía yo más o menos 22 años cuando un sacerdote claretiano, dándonos ejercicios espirituales a los seminaristas de filosofía, nos sorprendió con una poesía para hablarnos de celibato y de pureza. Digo que nos sorprendió por dos motivos: el primero porque tengo que reconocer que, al menos en mi tiempo, a los seminaristas mayores se nos hablaba poco de afectividad, de sexualidad, de dificultades a la hora de vivir el celibato… El segundo motivo por el que nos sorprendió es que la poesía la firmaba Pedro Casaldáliga. Todos que nos dábamos de muy progres, y que presumíamos bien de conocer algunos escritos del obispo de la Teología de la Liberación, jamas habíamos pensado que Casaldáliga hablase de pureza y celibato a sus seminaristas.

Esa poesía me ha hecho mucho bien, primero como seminarista y después como sacerdote. Me ayudó a ver el celibato no como renuncia (negativo) sino como verdadero amar (positivo). Porque eso es de lo que se trata: ser célibe no es quedarse “sin bodas”, sino “amar todo, todos, todas”. Es ser capaz de amar a todos sin poseer a nadie. Y como no, es amar al Amor “a cuerpo entero”. Poniendo no solo el corazón, sino toda la pasión y las pasiones, todo el afecto, mi afecto, en Cristo.

No ha sido fácil, no es fácil. Es una “paz armada”, batalla continua y estado de alerta. Como también lo es el del esposo que quiere ser fiel a su mujer. Hoy he recordado este poema porque un joven me escribía que todavía no había “vencido” estas tentaciones. Como dicen en mi tierra: “y lo que te rondaré morena”. Es decir, que nos queda toda la vida, para luchar… para amar.

Os dejo la poesía.

AVISO PREVIO A UNOS MUCHACHOS
QUE ASPIRAN A SER CÉLIBES

Será una paz armada, compañeros,
será toda la vida esta batalla;
que el cráter de la carne sólo calla
cuando la muerte acalla sus braseros.

Sin lumbre en el hogar y el sueño mudo,
sin hijos las rodillas y la boca,
a veces sentiréis que el hielo os toca,
la soledad os besará a menudo.

No es que dejéis el corazón sin bodas.
Habréis de amarlo todo, todos, todas,
discípulos de Aquel que amó primero.

Perdida por el Reino y conquistada,
será una paz tan libre como armada,
será el Amor amado a cuerpo entero.

Pedro Casaldáliga

Lo que necesitas es amar: Lección de anatomía del amor

Lección de anatomía del doctor Tulp, Rembrandt, 1632.

En un mundo donde la palabra amor aparece con tanta frecuencia se nos olvida a veces la realidad, profunda, de su significado. El amor es central en toda la teología de Santo Tomás, el amor como pasión y el amar como elección. Esa es la distinción fundamental: el amor como algo que nos golpea, que viene desde fuera de nosotros, que nos sorprende y nos coge desprevenidos, el amor como algo que nosotros no podemos elegir. Uno no elige ni la hora ni el día en el que se va a enamorar, simplemente el amor llama  a tu puerta. Pero el “amar” es una cosa distinta. El amar es un acto de la voluntad, es el paso del simple recibir (pasión) al actuar (acción). El amar es una elección, movida por el deseo la persona quiere (volere) llevar a plenitud eso que ha experimentado con el amor. Amar implica todo el dinamismo interior de la persona. Por eso tendríamos que cambiar el título de la célebre canción (All you need is love) y del programa de TV (Lo que necesitas es amor), en realidad lo que necesitamos es amar: “Lo que necesitas es amar”. Esta dinámica del amor es la que explica Santo Tomás en la I, II q. 26. Aquí os dejo un trabajo donde se pone en relación la explicación de Santo Tomas sobre el amor y un cuadro de Rembrandt, “Lección de anatomía del doctor Tulp”. Igual que el doctor Tulp hace la disección del brazo para explicar el “movimiento” de la mano, así Santo Tomás hace un verdadero estudio anatómico para explicar la “dinámica” del amor. Espero que os guste.

La anatomía del amor