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Celibato y pederastia

En estos días los telediarios nos invaden con noticias sobre pederastas. Primero fue EEUU, luego Irlanda y ahora Alemania. Lo cierto en que, en los tres países nombrados, el abuso de menores es un problema que ha afectado a todos los ambientes sociales y que, en muchos casos, se ha producido dentro de la propia familia. Sin embargo, los telediarios se han ensañado de una manera especial con aquellos casos en los que estaban implicados sacerdotes católicos, presentando, de manera indirecta, una correlación entre celibato y pederastria. Si nos atenemos a los datos, a los hechos, es precisamente lo contrario. El ejemplo más claro es Alemania donde los casos de abusos llevados a cabo por sacerdotes católicos constituyen el 0,044 % del total. Si bien es cierto que un solo caso ya es de por sí doloroso e intolerable, no es menos cierto que se falta a la verdad cuando no se dicen las cifras totales y se esconde la realidad de un problema que va mucho más allá de las paredes de las iglesias. A continuación os dejo un artículo de Juan Manuel de Padra, publicado en ABC (20-3-2010) y que nos puede ayudar a comprender lo que en realidad está ocurriendo y por qué de este acoso mediático.

Celibato y pederastia

Juan Manuel de Padra

ABC (20-3-2010)
SI mañana se declarase una plaga que asolase un continente entero y se descubriera que en una región determinada cuyos pobladores practican la dieta vegetariana tal plaga también se ha declarado, aunque con mucha menor virulencia, a nadie en su sano juicio se le ocurriría deducir que si la plaga no ha respetado a los pobladores de dicha región es precisamente porque son vegetarianos. Por el contrario, se deduciría que la dieta vegetariana, aunque no inmunice contra el contagio, lo hace mucho más improbable; y se concluiría que, si unos pocos pobladores de dicha región han caído víctimas de la plaga que devasta el continente entero, es más bien porque los hábitos alimenticios menos saludables de regiones limítrofes han corrompido la dieta tradicional que los pobladores de dicha región habían mantenido inalterada durante siglos. Y, para combatir la plaga, no se condenaría la dieta vegetariana, sino que, por el contrario, se trataría de deslindar cuáles son los hábitos alimenticios menos saludables que fomentan su propagación.
A nadie se le escapa que nuestra época padece una plaga de magnitud creciente llamada pederastia. No hay semana en que no leamos en la prensa que se ha desarticulado una red de pornografía infantil; no hay semana en que no sepamos de niños que han sufrido abusos perpetrados por adultos sin escrúpulos, con frecuencia familiares suyos. Y, mientras la plaga arrecia, descubrimos que también se ha extendido, aunque con mucha menor virulencia, entre los sacerdotes católicos: así, por ejemplo, en Alemania, de las 200.000 denuncias de abusos infantiles realizadas desde 1995, sólo 94 afectan a ministros de la Iglesia. De lo cual habría de deducirse, en estricta lógica, que el celibato, si no inmuniza contra la pederastia, la hace mucho más improbable; y también que si unos pocos sacerdotes han incurrido en tan aberrante crimen es más bien porque la plaga que padece nuestra época se ha infiltrado en la Iglesia, corrompiendo con sus hábitos perniciosos lo que estaba más sano que el resto. Y, en nuestra lucha contra la pederastia, lejos de condenar el celibato, trataríamos de deslindar cuáles son esos hábitos perniciosos que se enseñorean de nuestra época.
Pero en la campaña feroz que en estos días se promueve contra la Iglesia nada se rige por el «sano juicio». Y, así, se establece una relación directa entre celibato y pederastia que la estricta lógica repudia; pero ya se sabe que cuando el misterio de iniquidad anda suelto, la estricta lógica es vituperada, escarnecida y sepultada por el odio. Establecer una asociación entre celibato y pederastia es tan desquiciado como establecerla entre ayuno y triquinosis. De una persona que infringe el ayuno que a sí misma se ha impuesto podremos predicar que carece de fuerza de voluntad, o de convicción; pero si esa persona que infringe el ayuno enferma de triquinosis habremos de concluir, inevitablemente, que le gusta comer cerdo. De un sacerdote que infringe el celibato podremos predicar que las debilidades de la carne ejercen sobre él un imperio más fuerte que la lealtad a sus votos; pero si un sacerdote abusa de un niño habremos de concluir, inevitablemente, que padece una desviación sexual. Sacerdotes débiles, infractores del celibato, los ha habido siempre, como queda testimoniado en la obra de Lope de Vega o del Arcipreste de Hita; pero su debilidad la han satisfecho con mujeres. Los escasos sacerdotes que abusan de niños no lo hacen porque su sexualidad esté reprimida por el celibato, como desquiciadamente pretenden los promotores de esta campaña feroz, sino porque su sexualidad está desviada. En la misma dirección, por cierto, que nuestra época aplaude y estimula y promueve, aunque luego se rasgue farisaicamente las vestiduras cuando tal desviación se ensaña con la infancia.
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Bienvenido a casa: Iglesia Católica

En medio de una crisis económica profunda, en España nos dedicamos a hablar de si quitamos o no los crucifijos de las escuelas. Los quieren quitar los mismos políticos que se confiesan más católicos que el Papa. Algunos de ellos están dispuestos a criticar con vehemencia y apelando a la conciencia la normativa moral de la Iglesia, aunque no se atrevan a discrepar, ni siquiera por motivos de conciencia, de la disciplina de partido. Es el Partido el que marca la norma, parece que también las morales. Para más INRI, nunca mejor dicha esta expresión, algún obispo ha contribuido a la confusión diciendo que si la conciencia de un político al aprobar la ley del aborto le dice que está defendiendo la vida podría comulgar. No se ha enterado este obispo que lo que se quiere aprobar en España es una ley que, en palabras de los socialistas, reconoce el “derecho” de la mujer al aborto. Si quieren reconocer el aborto como derecho no existe ningún planteamiento de defensa de la vida.

Estas discusiones oscurecen la realidad social española. Así el ciudadano de a pie se manifiesta dividido y confuso, también el católico. Ya no sabe que es más importante si el crucifijo en las escuelas, si el Partido o si los obispos. En medio de la confusión se pierde la realidad de lo que es la Iglesia Católica.

Para todos los que están dentro de la Iglesia Católica, para todos los que estuvieron y ahora no están y para todos aquellos que no la conocen, les dejo un video que explica sencillamente lo que somos y en Quién y cómo creemos. Porque la Iglesia, antes que nada, es una familia de puertas abierta que a todo el que llama le dice, le debe decir: Bienvenido a casa.

Por cierto, Feliz Navidad.