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Repuestos humanos

El gran problema de la clonación terapéutica es que oculta bajo su nombre una realidad mucho más dramática: la creación de seres humanos clonados para fines que implican su propia destrucción

En la película ‘La Isla’ (The Island, 2005) se narra la vida tranquila e idílica de los humanos que han sobrevivido, en unas instalaciones subterráneas, a una supuesta hecatombe nuclear que ha dejado contaminada toda la superficie de la Tierra. Cada semana se realiza un sorteo, una especie de lotería, en la que los afortunados son enviados a ‘La isla’, único lugar no contaminado, para repoblar la Tierra. Pronto los protagonistas, Lincon (Edwan MgGregor) y Jordan (Scarlett Johanson), descubren la verdad de su situación: viven un inmenso laboratorio subterráneo, perteneciente a una empresa biotecnológica, y ellos son humanos clonados y mantenidos con vida para servir como piezas de repuestos a otros humanos ricos, famosos y enfermos, que necesitan órganos nuevos. El viaje a ‘La isla’ es el momento en el que son asesinados para que sus órganos sean trasplantados a quienes han pagado para que ellos sean creados. Al descubrir el engaño, los protagonistas huyen de este campo de concentración, a través de una serie de persecuciones trepidantes, y solo regresarán a él para liberar a sus compañeros clones que van a ser eliminados por la misma empresa que los ha producido.

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Solo siete años después del estreno de ‘La Isla’, el pasado 14 de mayo, la revista Cell publicaba un artículo, firmado por investigadores de la Universidad de Oregón, anunciando la obtención de células madre embrionarias a partir de embriones humanos clonados. La técnica utilizada, llamada de trasferencia nuclear, era la misma que la utilizada con la famosa oveja Dolly. Se crearon así embriones clónicos humanos, es decir, genéticamente idénticos al paciente. Estos embriones humanos clonados llegaron hasta la fase de blastocito (cuando el embrión tiene entre 60 y 200 células) y fueron destruidos para obtener sus células madre embrionarias. Estas células, que originan todas las células de nuestro cuerpo, podrían utilizarse para obtener líneas celulares nerviosas, musculares, cardíacas… que no producirían rechazo inmunológico en el paciente y que podrían curar enfermedades. Por eso insisten en llamar a su clonación como clonación terapéutica.

Son muchas las similitudes que aparecen entre los acontecimientos narrados en la película antes mencionada y la llamada clonación terapéutica. Los investigadores afirman que si estos embriones se hubiesen implantado en un útero no se habrían desarrollado hasta dar lugar al nacimiento de niños clónicos. Sus investigaciones –aclaran– no pretenden servir para dar a luz bebes humanos clónicos. Eso sería clonación reproductiva y, en la actualidad, está prohibida en todos los países.

Los medios de comunicación nos han transmitido la idea de que la clonación reproductiva no es aceptable, mientras que la clonación terapéutica sí, porque servirá para curar, pero ¿es esto totalmente cierto? ¿Qué enfermedades cura la llamada clonación «terapéutica»?

Lo más curioso es que la clonación terapéutica todavía no cura nada. Es más, las células madre embrionarias, que es el tesoro que se busca con este tipo de clonación, no han curado a nadie. En la actualidad sólo hay un protocolo de ensayo clínico que utilice células madre embrionarias (no clónicas) para la regeneración de la mácula de la retina.

Hay otros tipos de células madre técnicamente más viables y que no precisan la creación y destrucción de embriones. Las células madre adultas están siendo ya utilizadas para curar centenares de enfermedades de tipo cardíaco, enfermedades nerviosas, musculares, reparación de piel y cartílago, diabetes, trasplantes de médula ósea, etc. Las células madre adultas, entre las que están las de cordón umbilical, no son el futuro de la medicina regenerativa sino que son el presente porque se están utilizando ya en terapia.

Incluso hay unas células semejantes a las células madre embrionarias que son las iPS o células adultas reprogramadas genéticamente que no suponen la creación y destrucción de embriones. Su descubridor, el profesor Yamanaka, recibió en 2012 el Nobel de medicina y la revista Science calificó a la producción de células iPS como el avance científico más importante de ese año. Recientemente un grupo español ha logrado la reprogramación celular obteniendo iPS en ratones modificados genéticamente lo que pone estas células cada vez más cerca de la aplicación clínica y de la terapia.

Si hay células madre (adultas e iPS) que permiten curar enfermedades, y que no necesitan de la creación y destrucción de embriones humanos, ¿por qué se sigue investigando en clonación de embriones humanos para obtener sus células madre? Porque las grandes empresas multinacionales invirtieron muchísimo dinero en las empresas biotecnológicas dedicadas a la experimentación con embriones humanos y, ahora, quieren recuperar ese dinero a través de la generación de patentes comerciales. Precisamente el pasado 13 de junio el Tribunal Supremo de los Estados Unidos sentenció, contra la empresa Myriad Genetics, que los genes humanos no son patentables.

Como ven la realidad supera a veces a la ficción: clonación de embriones humanos, grandes empresas multinacionales, inversiones millonarias… Y sin embargo el gran problema de la clonación terapéutica es que oculta bajo su nombre una realidad mucho más dramática: la creación de seres humanos clonados para fines que implican su propia destrucción. La única diferencia, con la película ‘La Isla’, es que los embriones humanos no pueden huir de los laboratorios en los que están confinados.

Artículo publicado el día 6 de Julio de 2013 en el diario regional “HOY”, Badajoz, España, página 18, sección Opinión.

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