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La ceguera de haber perdido el amor primero.

Estamos ya totalmente metidos en una semana escatológica” que como un arco se abre entre el domingo pasado, en el que se nos hablaba de las parábolas de los talentos, qué hemos hecho con los dones que Dios nos ha dado y el próximo domingo, donde se nos preguntará, qué hemos hecho con las personas que Dios ha puesto nuestra vida. En este contexto de juicio final y de encuentro cara a cara con Dios, recuerdo una anécdota que me contaba un amigo sobre un teólogo español, muy importante, que había escrito muchos libros sobre teología fundamental, sobre dogmática… y que se estaba muriendo. Un amigo que fue a visitarle, para animarle le decía: “Oye pues verás que bien, cuando estés allí delante de Dios Padre, y de nuestro Señor Jesucristo y el Espíritu Santo, pues podrás hablarles de lo que tu has escrito y que te expliquen en que tenías razón y en que no…” El teólogo se incorporó y le dijo “Yo si no me sacan la conversación, no pienso decirles nada…”

20061025203810-grito1Y lo cierto es ¿qué le dirías a Jesús si estuvieses cara a cara con él?

En el evangelio del Lunes 17 de noviembre leemos el encuentro que Jesús tiene a la salida de Jericó con un ciego que está al borde del camino. De ese encuentro, de esa conversación destaco lo siguiente:

Jesús le dice al ciego, -«¿Qué quieres que haga por ti?»

Él dijo: -«Señor, que vea otra vez

Jesús le contestó: -«Recobra la vista, tu fe te ha curado.»

En seguida recobró la vista y lo siguió glorificando a Dios.

Dicen que es más difícil ser ciego cuando antes se ha visto. Cuando la ceguera ha llegado a la vida después de haber visto uno lo pasa peor, porque además uno va perdiendo el recuerdo de las imágenes y de los colores. En el encuentro con Jesús solo un deseo, “Señor, que vea otra vez. En el fondo es decir,  que vuelva a ser como antes. Y el Señor obra el milagro por la fe del ciego: “Recobra la vista”, es decir, vuelve ser como eras.

En el libro del Apocalipsis aparece la misma idea de retorno al origen. El ángel le habla a la Iglesia de Efeso reconociendo todas sus virtudes. Ha sido una Iglesia fiel en medio de las divisiones internas y de las persecuciones. Pero en el camino de la fidelidad ha perdido el amor primero: “Tengo contra ti que has perdido tu amor primero”. 

El mensaje a la Iglesia de Éfeso es el mensaje que se nos dirige en esta semana: no basta con ser fieles. No basta con ser eficaces, no basta con  hacer las cosas bien… eso no es suficiente. No basta con ser eficaces con los talentos, no basta con hacer muchas cosas por los demás. No basta con actuar… si el motor de nuestros actos no es el amor. Hay que amar… hay que amar a Dios. Y no sirve cualquier forma, no se puede amar a Dios de cualquier manera. Solo sirve amar con el amor primero.

Yo estoy convencido que todos los que estamos vinculados de una manera especial a la Iglesia (en la parroquia, en el servicio a los demás, en nuestro barrio, en nuestra familia) hemos tenido en nuestra vida esa experiencia de amor primero y original a Dios. Ese amor primero es el que ha conformado nuestra vida, nos ha traído hasta aquí. Si somos cristianos, si somos sacerdotes es porque un día nos enamoramos. Si estamos hoy aquí es porque un día tuvimos claro que valía la pena perderlo todo con tal de tener  a Jesucristo. Ese momento de amor primero es el que yo creo sinceramente, que me pide hoy el Señor recobrar.

No sé si entre todos podríamos ponernos de acuerdo en decir ¿qué es eso del amor primero? Yo, desde mi propia y humilde experiencia, voy a dar tres notas de este amor primero. Yo os invito a que cada uno a lo largo de la semana pueda volver a retomar este texto y busque que es lo que configura, lo que configuró en su vida ese amor primero.

Amor de novedad. Yo recuerdo esos momentos de amor primero como momentos en los que todo me sabía a nuevo. Devoraba el evangelio porque cada día descubría algo nuevo. La necesidad de la Eucaristía. La calidez de la oración, la frescura del Señor, mi propia frescura apostólica. El nerviosismo de la primera vez, de la primera misa, de la primera ocasión en la que alguien se acercó a confesarse. El amor con la ingenuidad de la sorpresa. Con la capacidad de acogida de todo como nuevo. Y eso tengo que recuperarlo.

Amor de totalidad.- Un amor con deseos de entrega total. Sin pensar ni como, ni donde, ni cuando… Cuando se me llenaba la boca, y ¡era verdad!, cuando decía “Donde Dios quiera”. Cuando la aspiración de santidad no tenía que luchar con el peso de los años de pecado. Cuando al comienzo de la escalada uno estaba ilusionado y convencido de llegar a la meta y no, como ahora, cuando en la meseta uno tiene la sensación de estar demasiado lejos del comienzo para bajar y la cumbre aparece demasiado lejos como para poder alcanzarla.

Amor de felicidad.- Un amor que me hacía feliz y hacía felices a los demás. Cuando se notaba en la cara que estabas enamorado, porque hijo a veces ahora lo único que se nos ve en la cara es que estamos “cabreados”. Un amor con capacidad de sonrisa, de risa y de carcajada.

Estas son algunas de las características de ese amor que el Señor, a cada uno de nosotros, en estos momentos nos pide recuperar. Y nos lo pide, como a la Iglesia de Éfeso, porque sabe que hemos sido fieles, que queremos ser fieles en medio de nuestras propias divisiones y en medio de nuestras propias dificultades.Es cierto que la rutina cotidiana nos hace perder la novedad, es cierto que nuestros propios pecados nos hacen perder ese horizonte de santidad y nos conformamos en la mediocridad, es cierto que, el centrarnos en nosotros mismos, nos hace perder esa idea profunda de felicidad.

Esa es nuestra ceguera. Si te sientes así, como el ciego, la solución es sencilla. Dile al Señor con humildad: “Señor, que vea otra vez”.Cuando recuperamos ese amor primero vamos dando saltos detrás del Señor por el camino de la vida: saltos de novedad, de totalidad y de felicidad.

Cuando después de tantos estudios, tantos exámenes, tantas tesinas y tesis, me encuentre cara a cara con Dios… os aseguro que yo también lo tengo claro: “Como no me pregunte, yo no pienso sacarle el tema”. Pídamosle a María, Ntra Sra que nos ayude y nos guíe en ese volver al amor primero, que así sea.